TALLER DE TÍTERES. MADELEINE LIONS

 

 

Taller de Títeres realizado con sombras, para trabajar el cálculo y la numeración y basado en el cuento "El Pequeño Corzo".


El Pequeño Corzo

El Pequeño Corzo se había dormido al pie de un árbol que había en la cumbre de una gran roca. Durante la noche había llovido mucho, tanto que el río había salido de sus riberas y ahora, la roca y el árbol hacían una pequeña isla en medio de una gran extensión de agua.

Cuando el Pequeño Corzo se despertó, tuvo mucho miedo; pero era un pequeño corzo muy sensato. “Voy a permanecer tranquilamente aquí, a esperar que el agua se retire, se dijo, ya que no sé nadar y hay muchos cocodrilos en el agua. ” Se puso entonces a observar en torno a él. La crecida súbita implicaba toda clase de cosas: ramas de árboles, e incluso troncos de árboles sobre los cuales se habían refugiado pequeños animales sorprendidos en su sueño.

 

Repentinamente el Pequeño Corzo vio un gran tronco de árbol levantar la cabeza y dirigirse hacia él. Con horror vio dos ojos malévolos abrirse y mirarlo. ¡Era el viejo rey de los Cocodrilos! ¡“Ñam Ñam! dijo el rey de los Cocodrilos; qué buen almuerzo voy a hacer: ¡no puede escapárseme! ”

Como tenía buen humor, entabló conversación. “Mira qué honor te hago, querido mío. ¡Vas a terminar tu vida en mi estómago real! ” Abría una mandíbula enorme, con unos dientes espantosos; ¡casi se podía ver su estómago de lo abierta que estaba su boca!

El Pequeño Corzo temblaba de miedo, pero era muy valiente y muy astuto; buscó una manera de ganar tiempo. ¿“Te agradezco el honor que vas a hacerme, oh gran rey, pero es una comida o una medicina lo que necesitas? Ya que, soy una mala comida, pero soy la mejor medicina del mundo. ”

El rey de los Cocodrilos era muy viejo. Tenía a veces un poco de reumatismo y una medicina conveniente no le iría mal… “Necesito curarme; ¡serás mi medicina! ” dijo. “Atención, dijo el corzo - que reflexionaba rápidamente: ¡el rey le parecía muy tonto! - Una medicina no es una comida, es necesario dosificarla. Si me tragas entero, en vez de curarte, me convertiré en un veneno.

Es necesario que me dividas i así también podrás curar a tus súbditos”

El rey quedó decepcionado; no le gustaba tener que dividirlo, pero se dijo que eso le valdría el reconocimiento de los suyos. ¡“Bien, de acuerdo! dijo. ¿” Cuántos sois? ” pidió el corzo. El rey reflexionó; no tenía muy buena memoria. “Creo que somos 79, conmigo, debemos hacer 80, ¿verdad? ” - “desgraciadamente, gran rey, no es suficiente. ¡es necesario que esté dividido en 150 pedazos, ni uno más ni uno menos! ¡…” cómetelo enseguida! ” dijo un gran cocodrilo que se había acercado. ”

Oh rey, tus súbditos te dan órdenes, ahora? ” El viejo rey, que se preparaba para comer al corzo, permaneció quieto. “Seguramente quiere verte morir envenenado, mientras que tu vigilas por su salud. ”

Halagado el rey de los Cocodrilos, pidió que se fuera a buscar a otros cocodrilos para participar en la división. ¿Cuántos? Es difícil contar, sobre todo cuando solo se tiene la práctica de pensar en si mismo. 80, eso estaba seguro. ¿Cuántos cocodrilos eran necesarios para hacer 150? Quizá 10, quizá 20… Cada vez que añadía uno, veía su pedazo de corzo estrecharse… “son necesarios 70 más” dice el corzo.

Se fue a buscar los que faltaban; el agua se había vuelto muy verde, de tantos cocodrilos que había alrededor de la roca.

Necesitamos calma y disciplina, dijo el corzo. Voy a contarlos todos para estar seguro que no falta ninguno. Poneos en fila los unos detrás de los otros. Cuando os haya contado, vuestro rey hará la partición y os convertiréis en más fuertes y más inmortales. ”

 

Entonces, valientemente, el Pequeño Corzo saltó sobre la espalda del rey, contando en voz alta: ¡“Uno! ” - “uno” dijeron a la vez todos los cocodrilos. ¡“Dos! ” dijo el corzo saltando sobre la espalda de otro cocodrilo. ¡“Dos! ” dijeron todos los cocodrilos. ¡“Tres! ¡” - “tres! ¡” - “veinte! ¡” “Veinte! ¡”… “Cien! ¡” - “cien! ¡”… “Ciento cuarenta y nueve! ¡” - “ciento cuarenta y nueve! ” dijeran los cocodrilos. ¡“Ciento cincuenta! ” dijo el corzo que, saltando de espalda en espalda, había llegado a la orilla. ¡“Ciento cincuenta! ” dijeron los cocodrilos a coro.

En tres saltos, el corzo se había refugiado en tierra firme. ¡“Pandilla de simplones! ¡Gracias por el servicio! ”, gritó el Pequeño Corzo que salió pitando como una flecha sin darse la vuelta…

Madeleine LIONS.


Sombras


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Madeleine Lions es Presidenta de l’Association Marionnette et Thérapie” de Francia, y de FIMS (Fédération Internationale de la Marionnette pour la Santé)